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jueves, 7 de abril de 2016

Primeros reportes sobre cannabis (I)

A principios del siglo XIX comenzaron a promoverse con mayor intensidad las propiedades terapéuticas del cannabis entre la comunidad científica de Europa y Estados Unidos. Los primeros reportes psicofarmacológicos fueron publicaciones de médicos y químicos que realizaban bioensayos con extractos comerciales de cannabis y también con extractos preparados por ellos mismos. Resulta muy interesante la descripción de los efectos subjetivos del cannabis en estos primeros reportes en los cuales en algunos casos se llegaron a probar por vía oral dosis realmente altas de extractos que derivaban en auténticas experiencias psicodélicas.

Los reportes de O'Shaughnessy en 1843, Aubert-Roche en 1839 y Moreau de Tours en 1845, entre otros, se cuentan entre los primeros publicados en la comunidad científica y también literaria. Otros reportes de científicos que siguieron su ejemplo son importantes por su detallada descripción de la experiencia: por ejemplo, a mediados del siglo XIX, el médico H.C.Wood Jr, de Philadelphia, que a finales de siglo se interesó principalmente en probar la actividad de cannabis cultivado en Norteamérica, publicó un artículo sobre los efectos que experimentó tras una toma de un extracto preparado por él mismo. Es curioso y aún más interesante pues en su reporte indica que utilizó para su extracto plantas macho que eran cultivadas para utilizar sus fibras en Lexington, Kentucky. Es decir, partió de una materia prima que se pensaría tendría mínimos efectos psicoactivos, sin embargo, su detallado reporte indica lo contrario.

A las 4:30 PM ingirió entre 1.2 gramos y 1.9 gramos del extracto. Aparentemente, había olvidado que había tomado el extracto cuando salió a atender a un paciente a las 7:00 PM, pero media hora después los efectos se hacían cada vez más evidentes y un sentimiento de hilaridad aumentaba rápidamente:

No era un sentimiento del tipo sensual, en el sentido ordinario de la palabra... no tenía conexión con ningún tipo de pasión o sentimientos parecidos. Era simplemente un sentimiento de felicidad plena interior, mi corazón parecía optimista frente a cualquier problema: todo mi sistema sintió como si cualquier rastro de fatiga se hubiera ido; la mente pasaba rápidamente del inicio de una idea a otra, aparentemente sin ningún vinculo entre uno y otro pensamiento. Me encontraba inclinado a reír, a hacer gestos cómicos... No hubo nada parecido a un delirio, ninguna alucinación que yo recuerde... Creo que eran las 8:00 PM cuando comencé a sentir entumecimiento en las extremidades, también un sentimiento de inquietud y malestar, y también miedo de haber tomado una sobredosis. De pronto comencé a caminar por la casa, sentí mi piel caliente y mi cara roja; mi boca y garganta estaban muy secas; mis piernas se sentían extrañas, como si no fueran parte de todo mi cuerpo. Me tomé el pulso y resultó 120, bastante fuerte... Empecé a tener episodios muy marcados en donde sentía una profunda conexión con el mundo exterior y mi ser... La duración de estos episodios fueron para mi grandiosos, aunque realmente solo duraron un par de minutos.
Los periodos de inconsciencia se hicieron en algún momento más largos y más frecuentes, y durante su ausencia mi inteligencia no era la mejor, aunque en el fondo pensaba que mi razonamiento y juicio eran claros. Después, el sentimiento opresivo de una muerte inminente se hizo más intenso. Bajo la influencia de un emético, vomité libremente sin que me provocara más náuseas y sin mucho alivio tampoco... Cuando desperté por la mañana, al día siguiente, mi mente se encontraba al principio muy despejada, pero minutos después los paroxismos, similares a los de la noche, se repitieron varias veces hasta casi terminar la tarde. Todo el día tuve algún tipo de anestesia en la piel. En ningún momento me provocó ningún efecto afrodisíaco. Hubo un marcado aumento en la secreción urinaria. No hubo efectos secundarios como náusea, cefaleas o estreñimiento.


El médico J. G. Wiltshire de Richmond, en 1879 publicó un artículo llamado "Personal experience in the effects of cannabis indica" en el que reportó su experiencia tras la ingesta de 15 gotas de un extracto de cannabis indica:

Recuerdo perfectamente todos los efectos que me produjo; incluso cuando me obsesioné con la idea de que mi muerte estaba muy cerca... Me sentí muy intoxicado, el cuerpo parecía crecer, sonidos indescriptibles llegaban a mis oídos; imaginé que los vientos del invierno azotaban mis ventanas y paredes. Sentía que mi memoria trabajaba mejor... Sentimientos afrodisíacos se apoderaron de mi; tan pronto como llegaron tuve un sentimiento de alarma y malestar... Mi corazón comenzó a latir temerosamente, pensé que se iba a desmoronar. Los cortos momentos me parecían horas... Ahora sentía que mi cabeza iba a explotar. Tuve conciencia de que mi existencia corporal me estaba dejando de alguna manera, aunque podía ver y sentir con mis manos mis extremidades bajas y pensé que estaban en perfecto estado, le expresé a mi médico que prefería no irme a dormir por miedo a no despertar más...  En algún momento sentí una sacudida por todo mi cuerpo... Después comenzó a mejorar todo y caminé alrededor del cuarto con un sentimiento de deliciosa tranquilidad, con pensamientos tan placenteros que les comenté a mis amigos, "esto es el verdadero éxtasis".
El médico D.P. Duncan en su artículo científico "Hashish or Cannabis indica" de 1882 para el Southern Practitioner en Nashville, Estados Unidos, reporta los efectos del cannabis al beber tres cucharadas de un extracto comercial. Cuatro horas más tarde, los efectos se comenzaron a manifestar:

Me encontraba tan mareado que no podía permanecer de pie, los condenados a los infiernos no pueden haber sentido terrores más agonizantes. Mi piel estaba ardiendo en calentura, el pulso era rápido que apenas podía medirlo, y una parálisis general tomaba posesión de mi cuerpo completo, especialmente sobre mi estómago... La cefalea más intensa acompañó todos los otros síntomas. Estuve en esta condición cerca de tres horas, concluyendo muchas veces que estaba muriendo, con los sentimientos más desagradables posibles, sin duda era mi destino final. Después de tres horas mi pulso volvió a la normalidad, la piel fresca y húmeda, y la parálisis fue desapareciendo. Más tarde pensé que de todos los mortales felices que han existido, yo debía de ser el dichoso más supremo. Vi las visiones más beatificas que nunca pude haber imaginado, las mujeres más hermosas, angelicales en sus formas físicas y mentales. Si todo el oro del templo de Salomón me hubiese sido ofrecido, no lo cambiaría por la perfecta felicidad que experimentaba en ese momento... Estas alucinaciones mentales duraron, supongo, de cuatro a cinco horas. Después vinieron los efectos secundarios, un fuerte dolor de cabeza que duró 48 horas y una terrible confusión mental... 

El extracto de la compañía Park Davis fue uno de los más utilizados para realizar
 los experimentos sobre la ingesta del cannabis.


Mario Manjarrez

Primera experiencia del Dr. Salvador Roquet con mescalina.

...La historia se remonta a una distancia de quince años (1956), cuando yo estaba en psicoanálisis. El doctor José Gutiérrez, colombiano, frommiano, quien era mi psicoanalista, en una ocasión me dijo: “Fíjese doctor Roquet que están haciendo unos trabajos en el sanatorio psiquiátrico Ramírez Moreno, de acuerdo con la tesis de un médico. Varios psiquiatras nos ofrecimos para que nos suministren alucinógenos. Usted sabe, hay la idea de que éstos pueden reducir el tiempo que dura el psicoanálisis”. Me invitó a participar en la experiencia y acepté. Se señaló la fecha. Como coincidencia, resultó ser un jueves de Semana Santa. Ese día, contrario a mi forma de ser respecto a la puntualidad acudí una hora antes de a la cita. Nunca lo olvidaré. Recuerdo que la avenida Universidad estaba sola, pues era Jueves Santo. En esa época el Sur de la ciudad era medio despoblado. La avenida Río Churubusco se veía muy sola. Era quizás una proyección de parte mía; también había una soledad tremenda. Recuerdo que llevaba un librito en la mano: Ética y psicoanálisis, de Erich Fromm. Entonces era un admirador de Fromm. Ahora ya no lo soy. Llegué al sanatorio y como no había nadie me senté en una banca de un camellón. Leía, o más bien estaba en una actitud de meditación, de soledad, porque así me condicionaba el ambiente. Vi como llegó gente al sanatorio. Poco después me hallaba con todo el equipo de psiquiatras. Yo no había desayunado. El doctor Gutiérrez, muy amable, me preguntó si permitía que los demás médicos observaran la experiencia. Le dije que no. Sólo aceptaba su presencia, y la persona que me suministrara el alucinógeno debía salir en seguida.
...No tenía idea del efecto de los alucinógenos. Escogí la vía intravenosa para que me inyectaran mescalina. No sé porqué lo pedí. Quizás por la actitud muy mexicana de razonar “si me han de matar mañana que me maten de una vez” o “lo que suene que suene”. Y mescalina por vía intravenosa más tarda en decirse que en sentirse su efecto. Pregunté que si podía estar acostado, temía caer y quise proteger mi persona física. Tendí mi brazo y de inmediato tuve una sensación parecida a la que produce un estado alcohólico. Después de esa sensación vino algo contradictorio: estaba despabilado, pude levantarme y sentarme. Tenía una gran curiosidad científica de ver qué cosas podía hacer. Tomé el libro para hojearlo. En el momento en que lo abrí y vi pasar sus páginas, de inmediato me sentí el libro; sus distintas hojas iban cayendo, cayendo y eran mis distintas personalidades, mis distintos yoes. Entré en el viaje. Empecé a conectarme y a desconectarme, y caía en una angustia que no sabía de donde venía. Preguntaba al psicoanalista si podía ponerme de pie, como si eludiera mi responsabilidad de hacerlo. Todo era muy consciente; sabía lo que hacía y sucedía. Me levanté y para sorpresa mía pude caminar a pesar de la sensación de vacío que experimentaba. Surgieron entonces molestias físicas tremendas que analizaba como médico. Al caminar se agudizaban. Me arrepentía de haberme ofrecido a la experiencia. Sentía que moría. Sufría una disnea terrible, fuego interno, palpitaciones extremas. Estaba asustado y me paseaba como león enjaulado. No me quejaba, ni decía que estaba arrepentido, pero lo pensaba. Parecía una bestia encerrada y aceleraba la marcha como si buscara una salida. Pasó esa etapa; tomé el libro y me acerqué a una ventana para intentar leer. Podía hacerlo, más no coordinaba las ideas. Apenas pasaba unas palabras olvidaba las anteriores y no lograba formar frases. Seguí analizando las cosas que podía hacer. Pedí un desayuno, papaya, huevos revueltos, café. Mientras me traían los alimentos dije al médico que deseaba hacer un experimento y le propuse jugar ajedrez. Empezamos; la salida fue perfecta. Siguieron los primeros movimientos muy bien. Pero cuando avanzaron las jugadas dije: “No tengo plan, no tengo programa, como nunca lo he tenido en mi vida.” Instantáneamente brotó la angustia. Vinieron desconexiones y situaciones de delirio. Fue algo semejante a lo que describió Aldous Huxley en Las puertas de la percepción. Vino un registro de tipo oriental, surgieron figuras geométricas, caleidoscópicas, en colores muy vivos y maravillosos, en movimiento y con formas increíbles. Eso se esfumó y brotaron alucinaciones que me desconectaban. Vi una figura semejante a las que pintaba Rembrandt, por su composición y colorido. Apareció en el cuadro una persona: era yo, sentado como si estuviese enjuiciado. Cerca había alguien: mi otro yo. Era un observador, un fiscal. Acusaba, juzgaba mientras el otro se debatía en una angustia espantosa. Me veía mesarme el cabello, mover la cabeza con desesperación. Decía al psicoanalista si todo eso lo había hablado o pensado. El aseguraba que lo había dicho, pues él lo anotaba. Yo comentaba que aquello era prodigioso y tenía que ser estudiado con un gran equipo. Tenía que grabarse, hacer todo registro. La experiencia valía la pena aprovecharla al máximo buscándole un fin. Decía esto en forma obsesiva...

Primero experiencia del Dr. Salvador Roquet con mescalina.

"...

viernes, 1 de abril de 2016

Sylvia Plath y el óxido nitroso

Esta mañana me han extraído mis dos muelas del juicio. Llegué al consultorio del dentista a las 9:00 AM. Rápido y con una profunda sensación de muerte inminente me senté en aquella silla sólo después de darle un vistazo rápido alrededor en búsqueda de instrumentos de tortura, cosas como un taladro o una máscara de gas. Pero no había nada de eso. El dentista me abrochó el delantal alrededor de mi cuello; yo me preparaba para que pusiera una manzana en mi boca y esparciera ramitas de perejil sobre mi cabeza. Pero no, lo único que hizo fue preguntarme "¿Prefiere gas o novocaína?" (Gas o novocaína. ¡Je, je! ¿Le gustaría ver lo que tenemos en el menù, my lady? Muerte por fuego, por agua, por bala o por la horca. Cualquier cosa para satisfacer al cliente.) "Gas", respondí con firmeza. La enfermera se coló detrás de mí y colocó la mascarilla de hule sobre mi nariz, con sus tubos apretando sobre mis mejillas. "Respira lentamente" El gas entró de forma extraña, repulsivamente dulce. Traté de no combatirlo. El dentista puso algo sobre mi boca y el gas comenzó a llegar en grandes bocanadas. Había estado mirando de forma fija la luz del techo. Tembló, se licuó, se rompió en pequeñas partes. La constelación completa de pequeños fragmentos irisados empezaron a oscilar ritmicamente en forma de arco, lento al principio, después más rápido y más rápido. Ya no intentaba con fuerza de respirar, algo bombeaba hacia mis pulmones, provocando una respiración difícil y entre cortada. Sentí mi boca resquebrajándose en una sonrisa. Así que esto era... tan simple, y nadie me había hablado sobre esto. Tenía que escribirlo, contar como es esto antes de que olvidara sus efectos. Veía mi mano derecha como la punta de un arco, curvada, pero tan pronto trataba de poner mi mano en otra posición, el arco se cambiaba de ese otro lado, ganando impulso. Qué listos, pensé. Se han guardado estos efectos en secreto, incluso no te dejarían escribir sobre esto. Y después estaba en un barco pirata, la cara del capitán me miraba con atención desde detrás del timón, mientras lo giraba y conducía. Después aparecieron columnas de hojas negras y verdes, y él decía en voz alta "Muy bien, ciérrala lentamente, lentamente." Después la luz del sol estalló en el cuarto a través de las cortinas venecianas; respiré hondo llenando mis pulmones de aire. Podía ver mis pies, mis brazos; ahí estaba yo. Trataba de regresar a mi cuerpo de nuevo... había un largo camino hasta mis pies. Levanté mis manos hacia mi cabeza, se tocaron. Todo había terminado... hasta el siguiente sábado.


De The Unabridged Journals of Sylvia Plath 1950-1962 

Walter Benjamin

"Para el que ha comido hachís, la eternidad no dura demasiado."

"Hay que ponderar sin prejuicios las ventajas de la degustación de hachís."


viernes, 25 de marzo de 2016

Fitz Hugh Ludlow sobre algunas de sus experiencias con hachís.

Llamo al hachís la droga del viajero. Todo el Oriente, desde Grecia hasta la China, cabe dentro del ámbito de una cultura, y para este viaje no hace falta llevar equipaje ni gastar; con seis centavos se puede adquirir boleto para dar la vuelta al mundo.

Después de las tormentosas visiones, vienen generalmente experiencias más calmadas, de tipo sedante y recreativo. Se desciende de las nubes o se asciende de los abismos a una tierra con agradables sombras, en medio de las cuales la vista puede descansar del esplendor de los serafines o de las llamas del infierno. Esta estructura encierra una sabia filosofía, ya que de otro modo el alma se consumiría por exceso del oxígeno.

Las ocasiones en las que el cuerpo y la mente parecían hallarse en condiciones absolutamente análogos y en las que las circunstancias externas e internas no delataban diferencia apreciable, con la misma dosis de hachís produce con frecuencia resultados diametralmente opuestos. Es más, en una ocasión ingerí 1.80 gramos de la doga y los efectos fueron casi imperceptibles, mientras que, con la mitad de la dosis he sufrido la agonía de los mártires o he gozado las delicias de la beatitud. Son tan variables los efectos que durante mucho tiempo he tomado esa substancia con plena conciencia de que me podía igualmente conducir al cielo o al infierno. A pesar de todo, la fascinación tenía a la Esperanza como ahogado, y las experiencias se sucedían sin cesar. 


De The Hasheesh Eater (1857), Fitz Hugh Ludlow.



jueves, 24 de marzo de 2016

Arthur Heffter y la primera experiencia con mescalina pura.

En 1897, el químico alemán Arthur Heffter pudo aislar, por primera vez, mescalina a partir de unas muestras de peyote que había recibido. Fue la primera vez en la historia también que se aislaba un alcaloide de efectos psicodélicos a partir de un material vegetal. Heffter llegó a la conclusión de que la mescalina, el alcaloide que se encuentra en mayor proporción en el peyote, era la responsable de los efectos psicodélicos, probando él mismo el peyote y después diferentes extractos para poder comparar sus efectos. Heffter creía que el responsable de los efectos psicodélicos del peyote se encontraba en su resina o en alguno de sus alcaloides. Primero hizo varios ensayos consumiendo el peyote (en lugar de consumir el peyote seco, hizo un extracto de 16.6 gramos, aproximadamente 5 peyotes) para conocer sus efectos. Después separó la resina del cactus y consumió la misma cantidad, 16.6 gramos de este material, que no resultaron psicoactivos. En el siguiente experimento, Heffter consumió 1 gramo de una mezcla de los alcaloides (ahora conocidos como mescalina, analaninina, analonidina, lopoporina, entre otros) extraídos de 16.6 gramos de peyote, lo disolvió en agua y bebió la solución que resultó con los efectos psicoactivos similares al peyote, incluyendo sus efectos físicos secundarios. Finalmente, Heffter aisló el alcaloide que se presentaba en mayor proporción y que ahora conocemos como mescalina. Probó primero mescalina pura en dosis de 20 mg a 100 mg que no resultaron en los mismo efectos psicoactivos del peyote aunque notó que mientras subía la dosis se iban presentando algunos cambios físicos y visuales. El 28 de noviembre de 1897 Heffter consumió 150 mg de mescalina pura, a las dos horas comenzó a ver algunos puntos de colores verdes y violetas que para entonces ya le resultaban familiares, típicos del efecto del peyote, cuando cerró los ojos los visuales comenzaron y así el primer viaje con mescalina pura en la historia:

    Primero pude ver puntos violetas y verdes, después patrones de tapiz, motivos góticos, etc. Luego, puntos de los colores más brillantes que he visto en mi vida flotaban sobre mi campo de visión. En general, los efectos no fueron tan intensos como en mis previos dos experimentos con peyote. 
   Más tarde pude percibir bellos paisajes y figuras arquitectónicas (por ejemplo pilares decorados con flores). Los visuales duraron por tres horas aproximadamente. La náusea aumentaba intensamente por momentos, así como los mareos. Perdí la noción del tiempo que disminuyó todas las primeras horas de la  tarde. Para la noche me sentía perfectamente bien, con buen apetito y sin insomnio. 

Aunque los efectos de este primer viaje de mescalina pura habían sido suaves debido a la dosis baja (ahora sabemos que las dosis medias rondan los 200 mg a 400 mg) fue suficiente para deducir que era ésta la sustancia activa principal responsable de los efectos psicodélicos del peyote. Ayudaron a esta conclusión experimentos posteriores que realizó con otros alcaloides del peyote como la analininina, lopoporina y analonidina que resultaron sin efectos psicoactivos.


El químico alemán Arthur Heffter, pionero psiconauta de la comunidad científica.





Mario Alberto Manjarrez

Fotografía de Jack Kerouac en DMT

Jack Kerouac bajo los efectos de la DMT, fotografía de Allen Ginsberg, 1964.

Stephen Szára y el DMT: la historia de su descubrimiento como psicodélico.

Sería difícil encontrar, en una muestra representativa de una población conocedora de psicodélicos, a alguien que no conozca la historia de Albert Hofmann y su viaje de bicicleta después de haber ingerido lo que resultó  una dosis masiva de LSD: el primer viaje de ácido del mundo. Pero serían muchos menos los que pudieran contarte gran cosa sobre el primer viaje con DMT (N,N-dimetiltriptamina), menos memorable, pero no menos importante. El folclor vendría después y se revelaría más extraño de lo que nadie pudiera haber predicho. Un viaje con DMT ciertamente es una de las más estrambóticas experiencias humanas.

Aunque seis décadas han pasado desde el primer viaje con DMT, la experiencia sigue confundiendo y mantiene un terreno fértil para la especulación sobre su significancia y significado (Meyer, 1997; Luke, 2011; Gallimore, 2013). Está claro que sería demasiado «occidentecentrista» ignorar el uso que hacen los indios del Amazonas con el DMT que contienen los brebajes de ayahuasca (Shanon, 2003; Frenopoulo, 2005; Shanon, 2005; Schmidt, 2012) o con la cohoba (Schultes, 1984), pero hasta que los efectos del compuesto puro fueron descubiertos, entendimos su papel en estos preparados tradicionales.

La historia comienza en 1953. El doctor y químico, Stephen Szára, planea un estudio para investigar posibles factores bioquímicos en la etiología de la esquizofrenia (Szára, 1989). Las noticias sobre los extraordinarios efectos del nuevo ácido lisérgico de Hofmann se han difundido por toda la comunidad médica europea y Szára estaba muy interesado en conseguir una pequeña cantidad para su propia investigación. Escribió a Sandoz, la única fuente de LSD en ese tiempo, para pedir una orden. Sin embargo, en ese entonces, Hungría estaba encerrada detrás del Muro y Sandoz no quería poner en manos de un país comunista una droga tan poderosa. Su pedido fue rechazado. Szára necesitaba una alternativa. ¿Mescalina?

«En este punto, pedí una orden de 10 gramos de mescalina a una farmacéutica británica. Para mi sorpresa y placer, la droga llegó en diciembre de 1955. Me recuerdo pesando 400 mg de mescalina en el laboratorio, unos días antes de Navidad y llevármela a casa.»

Habiendo leído y admirado The Doors of Perception de Huxley (1954), Szára estaba ansioso por experimentar los efectos de la droga. Su elección del momento oportuno para su primer viaje de mescalina ahora nos parece acertado.

«El día de Navidad la tomé a las 3 pm. Luego de una hora no sentía nada, así que decidí irme a la iglesia en la cima del Castle Hill, en Budapest. En el camino, dentro del autobús, empecé a sentir que mi visión había empezado a cambiar; miraba por la ventana el paisaje familiar y veía a los árboles moviéndose de una forma extraña. Cuando llegué a la iglesia y conseguí entrar ya estaba llena de gente, sin espacio para sentarme. La ceremonia había comenzado, la música del órgano llenaba el aire... Para mi sorpresa, mientras veía hacia el piso de mármol, este comenzó a crecer a mi alrededor hasta convertirse en un gran círculo. Mis vecinos parecían lejanos, sin embargo, sabía que podía tocarlos.» (Szára, 2014)

Conmovido por la experiencia, Szára puso su atención en un reciente artículo publicado por un trío de químicos, Fish, Johnson y Horning (1955), sobre los constituyentes químicos de la cohoba, usada por tribus ssudamericanas para inducir estados de éxtasis religioso (Schultes, 1984). Su análisis concluyó en dos componentes; el primero era la bien conocida bufotenina (Chilton et al., 1979). En un doble acto médico al típico estilo de los años cincuenta, Fabing y Hawkins (1956) establecieron los efectos desagradables, poco psicoactivos y en cierto grado tóxicos de esta triptamina, al administrar dosis altas a un grupo de desafortunados internos de la penitenciaría de Ohio. Basados en estos datos solamente, se asumió que la bufotenina era responsable de los efectos psicoactivos de la cohoba. Szára, como sea, no estaba convencido.

El otro componente principal del rapé era el farmacológicamente poco explorado alcaloide N,N-dimetiltriptamina (DMT). Sería muy agradable escribir que Szára tuvo el presentimiento de que el DMT era el otro componente psicodélico de la cohoba, pero no fue así. Como sea, era obvio que aquellos que buscaban comunicarse con los dioses, difícilmente se verían impresionados por los peligrosos, hipertensivos, asfixiantes efectos de la nauseabunda bufotenina. El DMT era la única alternativa y Szára decidió hacer un poco. Como además de médico, Szára tenía un grado en química orgánica, usando la síntesis publicada por Speeter y Anthony (1954), pudo sintetizar diez gramos de DMT en unos cuantos días. A diferencia de sus compañeros americanos, Szára se eligió como el primer sujeto a la prueba (de hecho, eligió a un gato, pero nos saltaremos esa parte). Consciente de que Hofmann había considerado que 250 microgramos de LSD era una dosis conservadora y terminó, en palabras de Szára, bombardeado, él optó por la misma pequeña cantidad que tomó vía oral. Por supuesto, nada sucedió. En los siguientes días, aumentó gradualmente la dosis a 10 mg/kg de peso o cerca de tres cuartos de gramo. Aún sin efecto, Szára estaba desmoralizándose y quizá a punto de abandonar el proyecto, cuando un colega le sugirió que debería inyectárselo:

«En abril de 1956 (el día exacto se desconoce [Nota del autor: abril tiene una importancia especial en la historia de los psicodélicos, con Hofmann tomando LSD por primera vez el 19 de abril]), probé tres dosis vía intramuscular, dejando pasar al menos dos días para permitir que la droga limpiara mi cuerpo. La primera dosis (30 mg, alrededor de 0,4 mg/kg de peso) observé varios signos como midriasis y formas geométricas coloridas a ojos cerrados. Emocionado por este resultado, decidí tomar una dosis más alta (75 mg o 1,0 mg/kg de peso), también vía intramuscular. En unos tres minutos los síntomas iniciaron, los autonómicos (hormigueo, temblores, náusea, aumento de la tensión arterial y de la frecuencia cardiaca) y perceptuales, como motivos orientales brillantes y coloridos, y después, maravillosas escenas que cambiaban rápidamente» (Szára, 2014).

Aunque Szára no recuerda más detalles de su primera experiencia, el viaje tenía el sabor típico del DMT para los usuarios contemporáneos —patrones geométricos complejos dan paso a las alucinaciones bien formadas, envolventes. Era obvio para Szára que esto era el secreto de la cohoba:

«Me recuerdo sintiendo una euforia intensa a dosis altas, que atribuí a la excitación de saber que, de hecho, había descubierto un nuevo alucinógeno.»





Andre R. Gallimore y David P. Luke (2015), DMT Research from 1956 to the Edge of Time

martes, 22 de marzo de 2016

Stephen Szára sobre el DMT.

«Cuando estas experiencias relacionadas con dioses, extrañas criaturas y otros mundos aparecieron en nuestros estudios sobre el DMT, no filosofamos sobre ellas, sino que, como psiquiatras, las clasificamos simplemente como alucinaciones.»

viernes, 18 de marzo de 2016




Un grupo de poetas enfiestados y componiendo versos bajo la influencia del óxido nitroso. Aguafuerte de R. Seymour, 1829.

J. A. Symonds relata una experiencia mística con cloroformo:


«Cuando el ahogo y la asfixia pasaron, al principio me sentía en un estado de total turbación; después llegaron los relámpagos de luz intensa, alternándose con la oscuridad y poseía una penetrante visión de lo que pasaba en la habitación a mi alrededor, pero carecía de sensación táctil. Pensé que estaba cerca de la muerte cuando, de repente, mi alma se apercibió de Dios, que estaba tratando conmigo manifiestamente, palpándome, por así decir, con una realidad presente personal e intensa. Lo sentí derramándose sobre mí como la luz... No puedo describir el éxtasis que sentí. Después, mientras me iba despertando gradualmente de la influencia de la anestesia, el antiguo sentido de mi relación con el mundo comenzó a volver, y el nuevo sentido de mi relación con Dios fue desapareciendo. De repente salté de la silla donde estaba sentado y grité: "Es demasiado horrible, es demasiado horrible, es demasiado horrible", porque no podía soportar aquella desilusión. Entonces me eché al suelo y al final desperté cubierto de sangre y gritando a los dos cirujanos (que estaban aterrados): "¿Por qué no me habéis matado? ¿Por qué no me habéis dejado morir?" Pensandlo bien; haber sentido en aquel largo éxtasis de visión sin tiempo a Dios, en toda su pureza, ternura, verdad y amor absoluto, y encontrarme después de vuelta sin revelación...»

De Variedades de la experiencia religiosa. William James, 1902. 

Margarita Dalton sobre LSD

«-¡Malos días!
-¡NO HAY PELIGRO!
Solo los que no han sentido la necesidad de despojarse del pensamiento, son los que se sienten tranquilos y repasan la palabra escrita.»


 Larga Sinfonía en D, (1968) Margarita Dalton

Khat, catinona y análogos estructurales de la catinona

Se le llama khat a las hojas de Catha Edulis (de la familia de las Celastraceae) que se han usado de forma masticatoria durante muchos años en Yemen, Kenia, Etiopía y otras partes de África. Los habitantes de estas ciudades han utilizado el khat de la misma forma que indígenas sudamericanos han utilizado la hoja de coca.La Catha Edulis es un arbusto o árbol pequeño que ha sido cultivado durante siglos, siendo su hábitat de origen la región de Etiopia. La fecha de su introducción como cosecha en Etiopia se desconoce. Como con la hoja de coca, muchas de las tradiciones acerca del khat han sido transmitidas oralmente desde tiempos remotos, según una de mucha historias, dice una leyenda que dos santos solían pasar toda la noche orando y a menudo se adormilaban. Rezaban a Dios para que les mantuviera despiertos, así que se les apareció un ángel y les mostró la planta de khat, la cual les mantuvo así despiertos. La primera vez que se mencionó esta planta fue durante el reinado cristiano de Amda Syon I, el cual reinó entre 1314 y 1344 después de Cristo. De acuerdo con una leyenda Yemeni, Sheik Ibrahim Abbu Zahrabui, un santo islámico de Berbera (lo que hoy es Somalia), viajó a Harar en Etiopía por el año 1430 d.c., que por entonces era el centro del cultivo del khat, introduciéndola en el Yemen, en el siglo XV. El khat alcanza una altura de 6 metros en altitudes de entre 1500 y 2500 metros. Requiere mucha lluvia y crece mejor en suelos ácidos y arcillosos bien drenados. Con muchos cuidados puede incluso cosecharse hasta cuatro veces en el mismo año. La planta recibe muchosdiferentes nombres dependiendo del lugar donde se cultiva: tchat en Etiopía, qat en Yemen, qaad/jaad en Somalia, miraa en Kenia,mairungi en Uganda y muhulo en Tanzania.


Las sustancias activas principales de la Catha Edulis son la catinona y en menor proporción la catina, la catinona es la responsable directa de sus efectos estimulantes. La Catha Edulis se ha encontrado en estado salvaje en partes de Sudáfrica, Medio Oriente y Asia Central. La planta es cultivada en los mismos lugaresen los cuales es usada, difícilmente es exportada pues la catinona se degrada a catina al poco tiempo después de que la planta es cortada. Pasadas las 48 horas las hojas pueden contener poco o nada del ingrediente activo más potente. Debido a esto la catinona usualmente es sintetizada y no extraída de la planta como generalmente sucede con otros psicoactivos. Al masticarse se extrae la catinona y es absorbida por las mucosas de la boca, sin embargo no lo hace rápidamente y los efectos aparecen gradualmente. Hay que masticar las hojas por un buen rato para sentir los efectos estimulantes. En países como Yemen y Somalia existen casas con habitaciones que son utilizadas exclusivamente para masticar khat. Un grupo de trabajo realizó un primer estudio farmacológico de la catinona para la Organización Mundial de la Salud en 1980 y encontró que los efectos de la catinona eran análogos en los animales como en los humanos consumidores de khat. Otro grupo de investigación encontró que la catinona incrementa la actividad motora de los animales de laboratorio y también causa extrema inquietud y temor cuando se inyecta en los monos.


 La catinona tiene semejanza con la anfetamina en su estructura química y también lo hace en sus efectos psicoactivos. La catinona incrementa el ratio metabólico y el consumo de oxígeno, causando hipotermia y tiene un efecto analgésico vía activación de las vías monoaminergicas que median la nocicepción.

Se demostró también la tolerancia cruzada entre la d-anfetamina y la d-catinona, poseyendo ambas similares efectos estimulantes, muy parecidos también a los de la cocaína. Todos los análogos de la catinona comparten sus propiedades estimulantes. La catinona incrementa las concentraciones de dopamina, serotonina y noradrenalina, además de inhibir la reabsorción de dopamina.


Análogos estructurales de la catinona

Mefedrona (4-metilmetcatinona o 4-MMC)

La mefedrona es un estimulante con propiedades empatógenas y euforizantes. En un estudio realizado en 2011 en Inglaterra se demostró que la mefedrona induce a una rápida liberación de dopamina y serotonina, acompañado con un aumento de la actividad locomotora por corto tiempo. Es probablemente la droga de diseño que se ha hecho más popular desde el auge de los mercados en línea. Es considerada por muchos la mejor alternativa al MDMA por sus propiedades empatógenas y su potencial estimulante. Para muchos es aún mejor que el MDMA pues sus efectos empatógenos suelen ser mucho más sutiles (sin suavizarlos efectos estimulantes y euforizantes). Por ejemplo, la mefedrona no provoca que queramos abrazar a extraños como en ocasiones lo hace el MDMA pero sigue funcionando como un potente elixir social, pareciera que con la mefedrona hay más claridad mental en la experiencia, algo que en ocasiones llega a ser sobrecogedor con el MDMA, esto sin eliminar sus posibles cualidades terapéuticas. También tiene efectos afrodisiacos en algunas personas. Para muchos, incluyéndome, es la mejor de todas las catinonas. Las dosis orales utilizadas comúnmente para la mefedrona comienza en los 150mg, las dosis nasales son alrededor de los 50mg, esnifarla provoca fuerte dolor en la cavidad nasal. La duración desus efectos por vía oral es de 4-5 horas y por vía nasal de 1-3 horas. Cuando se esnifa se minimizan sus propiedades empatógenas y resaltan las estimulantes, como en el caso del MDMA. Se han reportado muchos casos de abuso en varios países de Europa y Estados Unidos y también casos de muertes en los que se han consumido grandes dosis mezcladas con grandes dosis de otras drogas de diseño. Como con la MDMA, es importante mantenerse hidratado durante toda la experiencia, sin excederse en el consumo de agua. La mefedrona tiene un olor muy fuerte y característico, que incluso persiste en el sudor de quien la consume por algunas horas después de que los efectos han pasado. Comparando el tiempo de duración de la activación locomotora inducida por la mefedrona, con la del MDMA y las anfetaminas, se concluyó que los efectos de la mefedrona son equivalentes en potencia a los del MDMA, aunque la activación locomotora inducida por la mefedrona disminuye tres y seis veces más rápido que la provocada por el MDMA y la anfetamina, respectivamente.

Flefedrona (4-flourometcatinonina o 4-FMC)

La flefedrona es posiblemente la más débil de los análogos de la catinona, sus propiedades estimulantes son limitadas y las empatógenas también. A dosis altas solo empeoran los efectos negativos y no los positivos. En ocasiones es comparada con el metilfenidato. Se necesitan más de 300mg orales para sentir sus efectos.

NRG-2 (4-metiletcatinona o 4-MEC)

Apareció en el mercado de drogas de diseño en el 2010, como reemplazo de la mefedrona. Las dosis orales y nasales son similares a las de la mefedrona. Como con la mefedrona y otros análogos de las catinonas, se desaconseja utilizar la vía IM o IV por la naturaleza corrosiva de estas sustancias. La 4-MEC se ha vendido mucho como mefedrona y muchos usuarios difícilmente pueden diferenciarlas entre sí, sin embargo, muchos aseguran que la 4-MEC es menos potente en sus efectos empatógenos, conservando los efectos estimulantes.

Brefedrona (4-bromometcatinona o 4-BMC)

La brefedrona actúa también como inhibidor de la reabsorción de serotonina y noradrenalina, teniendo más afinidad selectiva por la primera, por estas propiedades es regularmente usado más como antidepresivo que como estimulante. Las dosis medias orales rondan los 200mg.

Etcatinona (Etilpropion o E-CAT)

Al igual que la mefedrona lo que destacan son sus propiedades empatógenas y estimulantes, sin embargo con la E-CAT suelen ser aún más sutiles, si se necesitara comparar con otra sustancia sería más con la metilona (bk-MDMA) que con la MDMA.

Otros análogos de la catinona con menor popularidad y que se han encontrado a la venta en el mercado de drogas de diseño:

2-fluorometcatinona (2-FMC)-

3-fluorometcatinona (3-FMC)-

2-metilmetcatinona (2-MMC)-

3-metilmetcatinona (3-MMC)-

N,N-dietil-4-metcatinona (N,N-DEMC)-

4-etilmetcatinona (4-EMC)-

3-metoximetcatinona (3-MeoMC)-

4-metoximetcatinona (Metedrona, 4-MeoMC)-

3,4-dimetilmetcatinona (3,4-DMMC)-

Bufedrona (MAPB)-

4-metilbufedrona (4-MeMABP)-

N-etilbufedrona (NEB)-

Pentedrona (PD)-

4-metilpentedrona (4-MPD)

miércoles, 16 de marzo de 2016

Octavio Paz sobre la experiencia enteógena:

"El yo desaparece pero en el hueco que ha dejado no se instala otro Yo. Ningún dios, sino lo divino. Ninguna fe sino el sentimiento anterior que sustenta a toda fe, a toda esperanza. Ningún rostro sino el ser sin rostro, el ser que es todos los rostros. Paz en el cráter, reconciliación del hombre -lo que queda del hombre- con la presencia total."  Corriente Alterna, 1967.